Adicionalmente, creo que perseguir una reducción de esta envergadura de nuestro déficit no es lo idóneo en las circunstancias actuales. Para alcanzar el nivel exigido por la UE serán necesarios recortes adicionales de gran envergadura (o nuevos aumentos de impuestos), lo que deprimirá aun más nuestra economía, abocándonos a una recesión de compleja resolución.
Además, desgraciadamente, la experiencia nos demuestra repetidamente que los recortes se implementan recayendo siempre más en los ciudadanos (en forma de más impuestos y menos prestaciones) que en las diferentes administraciones del Estado.
Así las cosas, ¿qué deberíamos hacer? En primer lugar, presentar un plan creíble y soportable de reducción de nuestro déficit, algo sin duda absolutamente necesario. En segundo lugar, incrementar la transparencia, facilitando mucha más información, sobre todo de las administraciones autonómicas y locales. En tercer lugar, posibilitar un seguimiento exhaustivo mediante el establecimiento de niveles objetivo de déficit con una periodicidad más reducida (por ejemplo, cada tres meses) que posibiliten un control más intenso de nuestro compromiso fiscal al objeto de evitar desviaciones como la aflorada a finales del año pasado. En cuarto lugar, focalizar los recortes en todos aquellos aspectos relacionados con el déficit estructural, especialmente aquellos derivados de la estructura administrativa del Estado. Finalmente, adoptar políticas de impulso del crecimiento (algunas ya adelantadas de forma acertada por el ministro Guindos) como mecanismo para mitigar la recesión.
FUERTE DEPENDENCIA
En este entorno, resultará muy complicado que el mercado de valores arroje rentabilidades elevadas durante los próximos meses. La fuerte dependencia de la evolución de las cotizaciones bursátiles, del crecimiento de los beneficios empresariales, y por lo tanto, del crecimiento de la economía, no hacen presagiar un buen año 2012 en el mercado de valores español. En estos momentos es tiempo de recordar que Johann Sebastian Bach, a principios del siglo XVIII, había afinado su órgano a 480 y producía excelsa música. Lo mismo podemos hacer nosotros si, de forma clara y razonada, establecemos objetivos exigentes pero creíbles de déficit.
